viernes, 25 de abril de 2008
El día de leer
Gracias a Manuel, otro digno encapsulado, por recordarme que ya pasó el día del libro. Tengo que confesar que para mi todos los días son días de lectura. Comprenderéis que en una nave donde el espacio es reducido y el aire racionado pocas cosas encajan mejor que leer y leer... Qué os puedo decir: a los que ya leen no se les puede decir nada en favor de los libros porque ya experimentan todas sus ventajas. A los que todavía no leen sólo hay que preguntarles cuándo puñetas piensan empezar. Así de claro. Especialmente a vosotros, marcianitos y marcianitas que sobrevivís camuflados entre la gente de la tierra, que no entendéis muy bien cómo se puede entrar en una librería para salir con las manos vacías y os la suda cuándo le toca correr a Fernando Alonso, os envío un saludo de alguien que disfruta doblemente de la lectura: porque la leo y porque la escribo. Por cierto: un buen título para iniciados; el libro sobre los libros que nunca se llegaron a escribir y sobre los escritores que buscaron desaparecer de la literatura tanto como de la vida. Me refiero a Bartleby y compañía, de Enrique Vila-matas. Para celebrar lo de que tantas letras juntas sigan emocionando, digo yo.
sábado, 19 de abril de 2008
Ceniza y aflicciones
Hay semanas que parecen estar compuestas de siete domingos nublados. Sietes golpes blandos a la voluntad que te dejan noqueado y con sensación de no saber muy bien qué pasa. No insistiré sobre la lluvia ni sobre el viento. Ambos me gustan. Disfruto siguiendo a las gotas en su destacar sobre mis cristales. Es sólo que una extraña complicidad brota entre ellas y yo. Una molicie que llama y empuja y late en el espacio vacío entre lo que sucede hoy y lo que podría suceder mañana. Para colmo, esta ficción que hemos construído y que nos hace creer que podemos pasar intactos por la vida suele revelarse absurda en el momento más inoportuno. Ni la productividad ni el colesterol son tan importantes como nos dicen. Importante es ser el mejor amigo de tu conciencia. Importante es vivir tu vida sin enemistarte con tus principios. Importante, en definitiva, es saber que estás viviendo y no huyendo de algo. Es una lección que aprendo cada vez que empieza el día y que en semanas como ésta olvido justo al acostarme.
Pienso en todo esto ahora que acabo de llegar de ver a mi abuelo. A veces me permito estas cosas: salgo de mi retiro estratosférico y visito a la gente que quiero. ¿Os he hablado antes de él? ¿Del hombre que dormía aovillado en una trinchera en Novgorod, en pleno invierno ruso, o que se recorría andalucía cargado de películas de vaqueros para vendérselas a cines de barrio? Estoy seguro de que si por él fuera estaría aquí conmigo, contemplando la tierra desde fuera, embarcado en alguna aventura nueva. Pero hoy sólo podía balbucear que la sopa estaba sosa en el hospital donde duerme sus días más duros, los de vestir un pijama a la fuerza y necesitar ayuda para tragar. Y todavía mira y sonríe y espera poder salir para hacerle un corte de mangas al dichoso hospital y la urgencia que se cobra el tiempo por hacernos entrar a todos en el redil. Pues eso, que esta semana hay nubes por dentro y por fuera, nubes que descargan un torrente de cenizas muy finas que enturbian los corazones. Nubes que se disiparán algún día. Mientras tanto, miro las manos de mi abuelo sentado solo en la cabina de mandos de mi cápsula y me parece mentira que todavía sean las manos que empuñan el fusil, que me acariciaban el vientre cuando era un niño, que reparten las cartas en los juegos de la tarde de verano, los mismos dedos que sostienen un cigarrillo mientras el hombre ríe y pellizca la mejilla de su nieto. Las mismas manos. Las mismas.
domingo, 13 de abril de 2008
El viento

Por si fuera poco esto de sentirse desenfocado, vino el viento a revolverlo todo. Comenzó siendo una brisa significativa que levantaba remolinos de papeles y bolsas vacías por la calle, pero pronto se convirtió en una corriente huracanada que combaba árboles y tumbaba vallas. Ahora ya pasó y hoy disfrutamos de un hermoso día soleado, pero las huellas quedan. En la vida las huellas siempre quedan y a fuerza de estar ahí, simplemente se hacen invisibles. Desde la cápsula es fácil encontrar pruebas de sus cicatrices. Aquí os dejo una pequeña muestra. Una foto, claro. ¿Esperábais otra cosa?
martes, 8 de abril de 2008
sábado, 22 de marzo de 2008
Berlin, sigue lloviendo
Pero no todo ha sido ruido durante mi última visita. Y eso que, comparada con Bielefeld, Berlín es toda una romería al estilo kraut más ortodoxo. Parece una ciudad inacabable, que se reproduce con cada paso para que nunca puedas escapar. A ratos, es un prodigio de fealdad racionalista inusitadamente bello; otros, deja ver monumentos que no merecen más que una fotografía al vuelo. Pero siempre sorprende. 
Puede pareceros paradójico, pero no hay nada en el Berlín occidental, limpio e hipertrofiado, que merezca la pena. Resulta que todo (o casi todo) lo interesante cae del lado rojillo y postcomunista, donde los bufetes de abogados coexisten pacíficamente con las casas ocupadas y el viejo café de entreguerras. Hipnótico: un paseo inexorablemente largo por la Karl Marx Allee. Alucinante: adentrarse en los patios de Oranien o ir a visitar los restos del muro en Friedrichschain. Lo mejor: que aquí hay vida más allá del bullicio turístico y el ajetreo cotidiano de los berlineses.Incluso hay atrevidos que convierten un simple semáforo en una obra de arte, una bocanada de inspiración, un brote de agua fresca para el caminante cansado que empieza a desesperar ante el tamaño titánico de sus avenidas. ¿Qué no? Mira que sois descreídos, mis agitados terrícolas. Comprobadlo con vuestros propios ojos. Algo tan humilde, algo tan brillante.

Puede pareceros paradójico, pero no hay nada en el Berlín occidental, limpio e hipertrofiado, que merezca la pena. Resulta que todo (o casi todo) lo interesante cae del lado rojillo y postcomunista, donde los bufetes de abogados coexisten pacíficamente con las casas ocupadas y el viejo café de entreguerras. Hipnótico: un paseo inexorablemente largo por la Karl Marx Allee. Alucinante: adentrarse en los patios de Oranien o ir a visitar los restos del muro en Friedrichschain. Lo mejor: que aquí hay vida más allá del bullicio turístico y el ajetreo cotidiano de los berlineses.Incluso hay atrevidos que convierten un simple semáforo en una obra de arte, una bocanada de inspiración, un brote de agua fresca para el caminante cansado que empieza a desesperar ante el tamaño titánico de sus avenidas. ¿Qué no? Mira que sois descreídos, mis agitados terrícolas. Comprobadlo con vuestros propios ojos. Algo tan humilde, algo tan brillante.
miércoles, 19 de marzo de 2008
Bielefeld
Pues sí, todo el mundo necesita unas vacaciones, incluso los cosmonautas vocacionales como yo. Sin armar mucho ruido he aparcado mi cápsula en un lugar cualquiera del planeta y me he dispuesto a observaros atentamente. Esta vez ha sido Bielefeld, en Alemania. Curioso lugar donde las salchichas tienen nombres larguísimos y todo el mundo te mira como lo haría un catedrático de anatomía patológica. Aquí también hacen lo suyo por divertirse; por ejemplo, ir a escuchar un poco de música en directo. Estuve allí y me mezclé con estos terricolas tan curiosos mientras los chicos de Editors disfrutaban en el escenario. Debo decir que para una vez que desciendo a vuestro planeta siempre sé elegir el mejor lugar...
lunes, 10 de marzo de 2008
Eterno retorno
¿Véis terrícolas, como yo tenía razón? Tanto escándalo y tanta algarabía para que al final se asomen al balcón los dos mismos de siempre. Total, que viviremos una reedición de los últimos cuatro años y por fin sabremos qué es aquello que explicaban en el instituto del eterno retorno.
A mí es que las cosas de la tierra me producen esa sensación entre cálida y sobrecogedora del Deja-Vu. Todo resultaría más interesante si impusiéramos a los políticos alguna norma interesante que cambiara las reglas del juego: usen ustedes corbatas de topitos rosas, no digan mentiras o miren al cielo cada quince segundos... cosas así harían ridículo el ejercicio del poder, ¿verdad? Quiero decir más ridículo. Mientras tanto, podéis conformaros con ver la cara de pánfilo que me ha quedado después de observar todo el proceso desde la escotilla...

eso, cuando no me ha dado por llorar pensando en que a más de uno le ha costado la vida. Por cierto, eso de que alguien encontró a esa niña que se perdió... no se crean nada, yo la he visto pasar por aquí: llevaba, por lo menos, órbita de Saturno y se entretenía en recoger un hatillo de brillos de cometa mientras iba haciendo camino...
A mí es que las cosas de la tierra me producen esa sensación entre cálida y sobrecogedora del Deja-Vu. Todo resultaría más interesante si impusiéramos a los políticos alguna norma interesante que cambiara las reglas del juego: usen ustedes corbatas de topitos rosas, no digan mentiras o miren al cielo cada quince segundos... cosas así harían ridículo el ejercicio del poder, ¿verdad? Quiero decir más ridículo. Mientras tanto, podéis conformaros con ver la cara de pánfilo que me ha quedado después de observar todo el proceso desde la escotilla...

eso, cuando no me ha dado por llorar pensando en que a más de uno le ha costado la vida. Por cierto, eso de que alguien encontró a esa niña que se perdió... no se crean nada, yo la he visto pasar por aquí: llevaba, por lo menos, órbita de Saturno y se entretenía en recoger un hatillo de brillos de cometa mientras iba haciendo camino...
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